Algunas plantas cuyo material biológico es muy delicado, como los pétalos de las flores, no pueden destilarse por el método convencional del arrastre por vapor de agua, como ocurre con la mayoría de aceites esenciales ya que, el calor lo dañaría con facilidad.

Debido a esto, para poder extraer las moléculas aromáticas y sus propiedades de forma eficaz, se recurre a la extracción con disolventes, cuyo resultado final es un absoluto aromático.

Este método se realiza sin emplear calor, haciendo una especie de lavado del material biológico, con algún tipo de disolvente como alcoholes, CO2… obteniendo así sus principios aromáticos.

El resultado es un producto con un aroma muy intenso y concentrado, más fiel a la planta debido a que, este tipo de extracción aromática arrastra mayor proporción de componentes de la planta, como ceras por lo que, en la industria de perfumería son ingredientes de gran valor.

La desventaja de este tipo de productos es que, al utilizar disolventes, sólo pueden ser usados a nivel olfativo.

En cuanto a su potencial terapéutico, las flores en general son grandes bactericidas y antisépticos, con potentes propiedades a nivel energético de modo que, en terapia emocional son ingredientes muy útiles.