La Aromaterapia se puede definir como la técnica de utilizar aceites esenciales con fines terapéuticos, cosméticos y aromáticos.


El primero que acuñó este término fue Rene Maurice Gatefossé, en 1918, ingeniero químico francés, que estaba realizando investigaciones sobre las propiedades de los aceites en su laboratorio cuando, al quemarse las manos tras una explosión, las metió instintivamente en un recipiente cercano que contenía aceite esencial de lavanda y observó, que la cicatrización y la curación de sus heridas fueron muy rápidas. A partir de ese momento comenzó a profundizar en sus investigaciones sobre las propiedades y composición de los aceites esenciales.

El uso de aceites esenciales es una práctica que se lleva realizando desde hace miles de años:

Hace unos 4000 años, las primeras aplicaciones de aromaterapia consistían en quemar plantas aromáticas para rituales religiosos y para combatir epidemias.

Entre los años 3000 y 2000 a.C, en el antiguo Egipto, hubo un desarrollo importante en el uso de las plantas aromáticas. Los médicos de la época usaban plantas para sus remedios curativos y también, se utilizaban en fórmulas para embalsamar muertos, evitando la putrefacción de los cuerpos.

El médico antiguo más famoso de la historia, conocido como Avicena, fue el primero en destilar un aceite esencial, la Rosa centifolia y, entre todos sus tratados sobre medicina, se mencionan numerosos aceites esenciales.

En la Edad Media, en la zona de la cuenca mediterránea, el uso de las plantas aromáticas ocupaba un lugar destacado tanto en la vida cotidiana como en los rituales. Las plantas se utilizaban en función de sus acciones fisiológicas y, en el interior de las boticas de aquella época, se contaba con instalaciones para la destilación de aceites.

Los árabes también tuvieron un papel importante en el desarrollo de la aromaterapia, gracias a sus grandes conocimientos sobre química, se convirtieron en grandes perfumistas y alquimistas. De hecho, los mejores estudios sobre plantas aromáticas de la época, fueron realizados por médicos alquimistas. El término “ aromaterii “ aplicado a los apotecarios en el siglo XV, da una idea de la importancia que se concedía a las plantas aromáticas en el mundo árabe.

A finales del siglo XVI se utilizaban más de cien aceites esenciales para tratar todo tipo de trastornos. La historia del clásico «Vinagre de los cuatro ladrones» ha estado inscrita en los antiguos libros de Farmacia hasta principios del siglo XX: Consistía en un vinagre aromático compuesto por una mezcla de clavo, canela, lavanda, menta, romero…, basado en la historia de 4 ladrones que se untaban el cuerpo con estas hierbas para poder entrar, con total inmunidad, a robar en las casas de los fallecidos por la enfermedad de la peste en aquella época.

Con el desarrollo industrial del último siglo y la proliferación de laboratorios, el uso terapéutico de las plantas y los aceites esenciales ha caído totalmente en el olvido.

Ahora, desde hace algunos años, aromatólogos reconocidos, en colaboración con médicos, farmacéuticos y biólogos, han realizado investigaciones conjuntas donde han podido verificar que: los aceites esenciales son complejas combinaciones de sustancias con propiedades muy particulares, abriendo una nueva vía hacia el uso de lo natural para la salud de los seres humanos.

Hoy en día, la Aromaterapia está abriendo un nuevo camino hacia lo natural, gracias a su valor y su utilidad para la salud de los seres humanos.