Determinados estudios científicos realizados, han podido comprobar que los aceites esenciales, actúan positivamente en las emociones, logrando un mayor estado de bienestar.

Los aceites esenciales representan la energía vital de las plantas, son los productos más elaborados que existen en el reino vegetal, pues guardan todo el conocimiento acumulado del planeta durante millones de años.

El sentido del olfato es el único que se comunica directamente con nuestro cerebro. Así, los aromas que percibimos, tienen una gran influencia a nivel físico y, sobre todo emocional.

Las emociones son procesos energéticos que tienen la particularidad de comprometer y actuar sobre el propio cuerpo. Cada emoción posee un significado particular; existen para enseñar algo a la persona que las siente y es por eso que, el mundo emocional puede ser un gran maestro de la vida, que nos va indicando cosas que debemos modificar y las lecciones que debemos aprender, para llegar a tener un mayor equilibrio, armonía y salud mental más plenas.

Las emociones son energía que buscan expresarse mediante acciones y palabras, son los modos de mirar y organizar la realidad. Al cambiar nuestro estado emotivo, cambiamos la manera de ver el mundo, como nos relacionamos con él y, con nosotros mismos. Cuando estas energías no consiguen expresarse, retornan al cuerpo en forma de bloqueos que se convierten en síntomas de enfermedades.

El uso terapéutico de los aceites esenciales para problemas emocionales era algo que nuestros antepasados, grandes conocedores de la naturaleza, utilizaban de forma habitual. Su versatilidad, adaptabilidad y, la capacidad de unir lo físico y lo sutil, hacen que los aceites esenciales, sean una gran herramienta para ayudarnos a gestionar nuestras emociones.

La capacidad de los aromas, para desbloquear y equilibrar emociones, convierte a los aceites esenciales en auténticas herramientas sanadoras que nos pueden aportar grandes beneficios.