Antiguamente, la mayoría de las civilizaciones tenían la creencia que todos los seres vivos tenían un alma, incluidas las plantas. De hecho, muchos rituales de aquella época consistían en entrar en contacto con aquellas almas, que según los antiguos tenían la capacidad de curar física, emocional y espiritualmente.

Los antiguos médicos mantenían una relación constante con la naturaleza, consultaban al «alma» más apta para ayudar a los pacientes a reencontrar su equilibrio físico, emocional y espiritual con la naturaleza.

En las culturas ancestrales siempre se buscaba el equilibrio entre el cielo y la tierra, eran conscientes que debían respetar la tierra, el cielo, el agua y el fuego para tener armonía con el universo.

Las energías de la naturaleza se manifiesta en la fertilidad de la tierra, el crecimiento de las plantas y la maduración de sus frutos.

Hoy en día no se puede entender la aromaterapia desde un punto de vista holístico, sin entender esas energías que fluyen a través de las plantas. Observando la naturaleza con el corazón, sin analizarla ni reducirla a conceptos racionales, nos puede llevar a comprender esas propiedades energéticas y cómo pueden actuar en nuestro cuerpo.

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