Una misma planta puede formar sustancias muy diversas en función de factores como las horas de luz que ha recibido, el clima, la cantidad de agua, el tipo de suelo, e incluso, la hora en que ha sido recolectada. De esta manera, una misma especie puede desarrollar diferentes componentes químicos con propiedades muy diferentes.

Por ejemplo, el Tomillo (thymus vulgaris) es un aceite que, por lo general, suele irritar la piel y debe utilizarse diluido, sin embargo, el tomillo qt. linalol, que se cultiva en zonas de gran altitud, puede utilizarse con total seguridad, incluso en niños.

El quimiotipo de una planta suele hace referencia a la molécula con mayor presencia en su composición, normalmente pueden llegar a tener hasta 300 componentes, combinados de forma única y magistral dando lugar a diferentes usos dentro de una misma especie.

Como una misma especie de planta productora de aceite esencial puede formar diferentes quimiotipos, cada uno con sus diferentes propiedades, la lista de plantas útiles es mucha más extensa de lo que puede parecer.

La cromatografía de gases nos permite saber la composición química de un aceite esencial pero también, clasificar los aceites esenciales en función de su quimiotipo.

Existen una quincena de familias químicas, que agrupan diferentes quimiotipos, cada una de ellas con propiedades muy específicas: ácidos, aldehídos, cetonas monoterpénicas, cetonas sesquiterpénicas y diterpénicas, cumarinas, ésteres, éteres, lactonas, monoterpenos, monoterpenoles, óxidos, fenoles, sesquiterpenos, azulenos y sesquiterpenoles.

Así pues, viendo que el efecto terapéutico puede variar de un quimiotipo a otro, es extremadamente importante que el aromaterapeuta profesional conozca la composición de los aceites esenciales a partir de los cromatogramas.

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