Las plantas son auténticos laboratorios químicos naturales que se encargan de sintetizar moléculas a partir del Sol, la Tierra y el agua, y lo hacen a través de sus propias células vegetales, que poseen sus propias membranas, ADN…, igual que las nuestras.

Cada aceite esencial posee una composición química única que le otorga unas propiedades, tanto medicinales como de otros tipos, que son exclusivas de él. Las sinergias producidas por estas combinaciones, crean propiedades medicinales muy específicas y potentes.

La mayoría de los componentes químicos de los aceites esenciales se clasifican en quimiotipos. Una misma especie de planta puede producir aceites esenciales con distintos componentes químicos que se forman, dependiendo de condiciones tan sutiles como: el clima, tipo de suelo, altitud…, Incluso la hora del día en las cuales las plantas son recolectadas.

Algunos aceites pueden llegar a tener hasta 300 componentes químicos de los cuales, los más importantes están incluidos en diferentes grupos. Sin embargo, cada aceite también contiene una serie de componentes más pequeños que, se mezclan con los ya conocidos y, estas sinergias que se producen, son las que distinguen los aceites esenciales, de un simple conjunto de sustancias químicas, convirtiéndose en sustancias de propiedades únicas.

Algunos de los quimiotipos más conocidos que nos podemos encontrar en un aceite esencial son:

  • Fenoles: los aceites esenciales formados por estos componentes son grandes antiespasmódicos, se usan para aliviar dolores y trastornos digestivos (albahaca, hinojo dulce…)
  • Monoterpenos: están presentes en un gran número de aceites esenciales. Tienen acción estimulante y ansiolítica. Se usan en casos de estrés (pino, limón, mandarina…)
  • Aldehídos: Son antiinflamatorios, calmantes, antivirales y antifúngicos. Se usan en casos de estrés, dolor e infecciones (eucalipto azul, verbena…)
  • Óxidos terpénicos: Son grandes expectorantes y descongestionantes, destacan por su acción broncopulmonar. Se utilizan mucho en casos de gripes, resfriados y para aliviar los problemas de respiración (eucalipto radiata, romero cineol, mirto, laurel…)
  • Sesquiterpenos: Tienen propiedades calmantes e hipotensoras. Se usan en casos de alergias, dolores y son excelentes aliados de la piel (ciprés, manzanilla alemana, tanaceto…)
  • Esteres: Los que tienen este tipo de componentes se les llama «aceites del buen humor», tienen una gran actividad sedante y calmante y, son grandes aliados en la gestión del estrés (ylang-ylang, lavanda, petigrain o naranjo amargo…)
  • Cetonas: Son mucolíticas y fluidificantes. Se usan como cicatrizantes y por su acción antiviral. Están totalmente contraindicadas en el embarazo y la lactancia (romero alcanfor, menta piperita, salvia oficinal, hisopo…)

Todas estas características proporcionan a la naturaleza una lista de propiedades medicinales, mucho más extensa de lo que se cree y, que nos permite tener toda una farmacia natural, al alcance de la mano.